Aclamen, justos, al Señor; es propio de los buenos alabarlo.

Alaben al Señor con la cítara,

toquen en su honor el arpa de diez cuerdas; entonen para él un canto nuevo, toquen con arte, profiriendo aclamaciones.

Salmos 33,1-3

Aplaudan, todos los pueblos,

aclamen a Dios con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra.

Salmos 47,1

 Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.

Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».

Juan 4, 23-24

Aclame al Señor toda la tierra,

sirvan al Señor con alegría,

lleguen hasta él con cantos jubilosos.

Salmos 100, 1

 Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense.

Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca.

No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios.

Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.

Filipenses 4, 4-8

¡Aclame a Dios toda la tierra!

¡Canten la gloria de su Nombre!

Salmos 66, 2

Aclame al Señor toda la tierra,

sirvan al Señor con alegría,

lleguen hasta él con cantos jubilosos.

Jubilosos...

Celebran su Nombre con danzas, cántenle con el tambor y la cítara,

Salmos 149, 3

LAS BIENAVENTURANZAS: UN PROGRAMA PRÁCTICO

PARA LLEGAR A LA SANTIDAD:

 

1. Felices son aquellos que escuchan tu palabra. 

Tu palabra es luz, capaz de perforar nuestra ceguera, y que puede al instante cambiar la oscuridad en alegre claridad.

Bienaventurados son los que penetran en la voz que transmite el Evangelio, la voz de su doctrina, la voz de su amor, y la voz de sus milagros.

Bienaventurados los que oyen la voz que los llama a la parte inferior de su conciencia, y que reconocen el sonido único de tu misteriosa voz.

Bienaventurados los que son llenados por esta voz soberana y que viven por ella; los que son guiados por sus enseñanzas e inspiraciones.

Bienaventurados aquellos que se convierten en silencio al oírte hablar; para permitir que tu palabra los toque con todo tu ser.

 

2. Benditos son aquellos que creen. 

Dichosos los que creen sin ver una señal; el primero que recibió un mensaje y creyó en lo imposible.

Ella la que te dio a luz, concibió por un acto puramente virginal de la fe, la que gracias a su fe avanzó la hora de tu revelación y trajo la gran alegría en las bodas de Caná.

Los que trataban de declarar lo que eres; aquellos que han proclamado que tu eres el Cristo; aquellos que testificaron el ardor de tu fe, dejando todo por ti.

 

Bienaventurados los que creen en tu divinidad, en tu omnipotencia, a los que tu te descubriste como Dios en tu forma humana, y en tu debilidad humana.

Bienaventurados los que creen en tu resurrección sin tener que tocarte; sin 

colocarles ni tu mano en tu costado abierto ni tus dedos en tus heridas abiertas.

Bienaventurados los que creen en la fe más pura y que con firmeza respondieron a sus tentaciones de duda.

Su fe se ha convertido en una fe de dilatación, una alegría que es para siempre.

 

3. Benditos sean los pobres. 

Bienaventurados los que tienen el alma de los más pobres de los pobres, los que son pobres ante Ti, un alma que penetra en su propia debilidad y que se priva.

Una pobre alma que se priva de cualquier reclamación, un alma despojada de su instinto de orgullo y de la autosuficiencia, de la ambición por los celos, de la adquisición y del acaparamiento codiciosos.

Un alma satisfecha para dar a todos los tesoros que tienen sin pretender nada a cambio. Cuanto más das, más van a seguir dándote.

Esta es el alma que yo quiero a encontrar en mí, tal como lo desea el Señor. Un alma que acepta la humildad y la pobreza, una que se abandona a ti, una con la gran esperanza de que le ofreceréis a Él la inmensidad del reino de los cielos, una que te pertenezca a Ti. Feliz será en mi la pobreza real; pobres en una felicidad que no quiero tomar, sin embargo, lo que espera de usted es que sea libre en todo momento.

 

4. Benditos los puros de corazón 

Bienaventurados los limpios de corazón, los que son transparentes, los que no han perdido la bella pureza de una mirada sincera, un corazón de lealtad, y un alma completamente abierta.

Dichosos los que no han elegido una ruta indirecta, los que no ha hecho trampas, y los que prefieren exponer su debilidad en lugar de ocultarla.

Los que no han huido del brillo de la luz, de tus ojos fijos penetrantes, y que no deseamos impedir tu palabra, pero si han tratado de mantenerla intacta. Los que han odiado mentirte, o mentir a su vecino, a los que querían seguirte con una recta conciencia iluminada por tu gracia.

Bienaventurados los que te tienen en sus corazones y no se han ocultado tu regalo, tu regalo más sincero, y que se negaron a dar prioridad a su orgullo, opinión y egoísmo.

Aquellos cuyo comportamiento deseaba reflejar el Evangelio, y que trataron de no deformarlo, ni traicionarlo.

Estas personas tienen la felicidad, y la tendrán de nuevo por verte, Jesucristo, para poseer tu bienestar donde quieran vivir en absoluta claridad.

 

5. Benditos sean los misericordiosos 

Bienaventurados los que tienen un corazón misericordioso, los que son compasivos. 

Bienaventurados son los que su mente se niega a juzgar, a tratar de entender y tratar con amor el motivo para comprenderlo y confiar.

Ellos encontrarán ante ellos un día, al mejor juez, un Padre que entiende y percibe en sus vidas las buenas intenciones que los hacen actuar.

Bienaventurados son aquellos cuyos ojos están llenos de cuidar la sincera simpatía, un amor que perdona, dispuesto a disculparse y rápido para perdonar.

Cuando vean los ojos de su Maestro, se sorprenderán al ver tanta amabilidad, tal indulgencia, y tan generoso perdón.

 

Bienaventurados los que las pruebas y las penas de otros hacen que se conviertan en buenos samaritanos, y cuya compasión se manifiesta inmediatamente como una ayuda eficaz.

Aquellos cuya dedicación alivia la angustia, alivia el sufrimiento y les das la bienvenida en tu felicidad divina, dándoles de nuevo a ellos la alegría y la comodidad al cien por cien de sus dolores humanos.

 

 

6. Bienaventurados los que tienen hambre 

Bienaventurados los hambrientos, los que tienen sed de Ti, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los que tienen hambre por las cosas de dios y por la sed de este mundo, y no por la comida terrenal, los que no se han corrompido hasta el punto de que sean ellos los que cierren a otros los horizontes.

Los que no permiten que sus mentes sean sofocadas por los deseos de los sentidos, ni absorben en sus corazones archivos adjuntos que los llevan a caer al suelo.

Aquellos que no están buscando la meta de la existencia de alegrías pasajeras, a los que no se detienen en un bien inmediato, sino que buscan el bien del cielo.

Aquellos a los que nada finito les puede satisfacer, a los que quieren las cosas del infinito. 

Bienaventurados aquellos cuya alegría es pensar en ti y que descubren la fe por ti en el Evangelio y en su propia vida.

Bienaventurados los que aman con una fe entusiasta y se dan a sí mismos en confianza a ti.

 

7. Felices los que traen paz 

Felices son los que llevan la paz, y que tratan de reunir lo que se divide; El que es el Hijo de Aquel que quiere reunir en todas partes de su cuerpo en su amor único.

Felices son los que hacen posible la reconciliación, que reconcilian, que hace todo lo posible para promover el acuerdo cuando hay desacuerdos.

Felices son los que suavizan los problemas con una sonrisa de bienvenida, se aplana sobre los conflictos que surgen, mediante su deflación.

Felices son los que mantienen buenas relaciones, al olvidar su orgullo y ofreciendo concesiones, suavizando sus deseos, y que extienden su paciencia.

Felices los que amortiguan los enfrentamientos de personas enfadadas con aportando su simpatía, y que renueva las relaciones con aquellos que están

huyendo de él, con el fin de amarlos.

Felices los que saben ser silenciosos, que acogen a los demás sin ira y sin abusivas observaciones, que perdonan de inmediato, y que dan el primer paso para restaurar la amistad.

Felices los que se esfuerzan por fortalecer los lazos y las conciliaciones; ellos serán los primeros en disfrutar de la paz que Él ha ofrecido.

 

8. Bienaventurados los afligidos

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán consolación de tu amor, Señor.

Los que no dudan en proclamar la felicidad para los que sufren, los que lloran, y los que son perseguidos, insultados, y humillados por el odio que otros hermanos tienen al Señor.

Te atreviste a prometer el alivio a la angustia humana, la verdadera felicidad. Como vemos el mal en el sufrimiento, con tu pasión en el camino al calvario, tu nos has asegurado que el sufrimiento es gracia y genera alegría cuando es ofrecido a Dios por amor.

Tu nos ha mostrado por tu propia pasión que en un dolor severo real podemos reconocer el gran proyecto de amor establecido por el Padre, y que así podemos entrar en la alegría de la resurrección.

Tu eres el primero en aceptar voluntariamente la cruz, el primer perseguido, el primer insultado, y el primero en reunir en tu corazón inmolado, la miseria del mundo.

Tu sigues siendo el primero en mostrarnos el camino hacia la felicidad pura, compartiendo con nosotros la alegría inquebrantable que venció a la muerte.

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